Sesiones Adolescentes

De repente, con un chasquido de dedos y de un día para otro te das cuenta que tu hijo se ha hecho mayor y que ya no funciona la forma en la te comunicabas con él hasta ese momento, es necesario cambiar el chip y empezar a tratarlo como un verdadero adulto. Pero esa adaptación lleva tiempo, paciencia y amor, mucho amor.

Si eres un padre responsable de la misma manera que te informaste cuando eran bebés de las necesidades y cuidados de esa etapa, esta otra de adolescente requiere también su esfuerzo, que bajo mi punto de vista, es bastante mayor de lejos que el anterior. Entonces empieza esa búsqueda de información ya sea en libros, webs especializadas, profesionales u otros medios e intentas aplicar todo lo aprendido, pero el problema viene cuando no estás realmente entrenado para afrontar determinadas situaciones que se van a presentar con tu hijo y que si uno no es rápido en reaccionar puede que sea él mismo el que dirija tus acciones.

Y en esa búsqueda incesante de ayuda que me diera algo más de luz me encontré un día en un curso con un especialista en coaching, había escuchado hablar algo de esta disciplina pero en el entorno de directivos, empresarios y deporte, nunca aplicado a la etapa del adolescente, en ese momento no di el paso de pedir ayuda pero trascurrido algún tiempo, me decidí a probar.

Al finalizar el periodo de sesiones Coaching que mi hijo ha tenido, el balance ha sido totalmente positivo, ya que en pocas semanas la relación con él ha mejorado notablemente, de hecho no es que haya mejorado sino que ahora hay “comunicación”. Él ha colaborado en las sesiones y se ha dejado ayudar, en ellas ha aprendido a conocer cuáles son sus mejores cualidades y a aprovecharlas para mejorar el rendimiento académico y ha conseguido mejorar sus resultados, también ha explorado cuáles son sus puntos menos positivos en cuanto a actitudes y ha dedicado tiempo a reflexionar sobre ello. Otro aspecto que ha conseguido mejorar es el control de la impulsividad de sus reacciones ante la frustración e impotencia de recibir un NO como respuesta.

En definitiva, mi hijo ahora se conoce mejor a sí mismo y está sabiendo encontrar su lugar en su entorno y en la familia.

En el momento en el que me encuentro como madre preocupada recomendaría a cualquiera que se encuentre en mi misma situación que pruebe a dejarse ayudar mediante esta disciplina e incluso que no espere a que la situación pueda sobrepasarle.

Y lo más importante de todo es que durante este corto pero intenso proceso y aunque las sesiones no hayan estado dirigidas explícitamente a nosotros los padres, lo cierto es que el Coaching nos ha proporcionado herramientas suficientes para seguir caminando y aunque queda mucho por recorrer, hoy sabemos cómo garantizar un clima familiar y de equipo que nos haga a todos crecer como personas y ser más felices.

Gracias, Maria José.
María, madre de adolescente




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